Llevo días con una saturación de información que mi pobre cerebro está gritándome: ¡Basta ya! de datos catastrofistas, curvas y autónomos… (pobres autónomas y autónomos, todo mi apoyo a este colectivo al cual he pertenecido muchos años y al que seguro regresaré).

Mi cerebro no da para más y trata de evadirse pensando en cosas que también existen pero que no se dicen cubriéndose con esta inmensa manta con la que se están tapando muchos otros temas incómodos y que les “ha venido a huevo” esta pandemia global.  Me refiero a temas como el vertedero de Ermua y los dos trabajadores todavía desaparecidos, cierto monarca emérito y sus devaneos morales o los migrantes que, “solidariamente”, parece que hayan dejado de ahogarse en medio del Mediterráneo.  No nos engañemos, aunque dejen de nombrarse, seguirán ahí.

Pero tratando de ser positivos, uno de los efectos colaterales más interesantes de esta crisis está siendo la abertura global de nuestras casas, hemos perdido el pudor de enseñarlas y eso es bueno, nos abrimos, normalizamos nuestras realidades y dejamos de necesitar estar perfectos y perfectas para salir al mundo (#confinadosenpijama), me encanta ver dónde vivimos todos, es un ejercicio de generosidad enorme, aunque todos busquemos siempre el mejor rincón de nuestras casas…

Pero el objetivo de esta reflexión es otro.  Quería reflexionar sobre el futuro económico que nos viene y con el que no dejan de “amenazarnos” y la oportunidad que se abre ante nosotros que no tengo claro se aborde de forma eficiente y efectiva.  Me refiero concretamente a la oportunidad de reconstruir nuestras economías en economías verdes, sostenibles y respetuosas con todos los colectivos sociales en riesgo de exclusión.

Desde hace unos años el mundo económico se había puesto las pilas con la reconversión de sus empresas e instituciones hacia una economía verde, con diferentes velocidades y con diferentes estrategias, cierto, pero la sensación general es que era ya un camino imparable.  De repente este maldito coronavirus nos da la oportunidad única de hacer un “reset” global y poder empezar esas nuevas economías con lógicas de sostenibilidad, pero, de repente, nadie habla de eso… ni a nivel autonómico, ni estatal, ni europeo ni global… NADIE.

Yo no soy economista, puedo opinar con poca experiencia económica, pero sí soy ciudadano y la economía, como a todo el resto de la humanidad, nos toca muy de cerca.  Y desde ese lugar me pregunto, ¿ya que tendremos que reconstruir nuestras economías, no es el momento para hacerlo desde esa lógica que parece estaba tomando fuerza? ¿O es que sólo era un paripé para “green o social washing”?

Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad, la obligación moral, económica y ciudadana de presionar públicamente desde nuestras respectivas posiciones, desde nuestros trabajos o con nuestros votos para apoyar a aquellas fuerzas políticas, movimientos sociales o instituciones que apoyen la implantación de un nuevo modelo económico global basado en la sostenibilidad y el respeto a nuestro planeta.

Exijo continuar y ejecutar el famoso New Green Deal de la UE con la que se llenaron la boca y que ahora nadie nombra y que ha pasado a un cuarto o quinto plano…  Si no recuerdo mal, la propia UE estimaba que para 2030 se iban a crear 180 millones de puestos de trabajo relacionados con la economía verde, seamos consecuentes, saquemos provecho a esta oportunidad.

Ya lo dijo, creo Albert Einstein: “Una locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.  Es momento de ser valientes y afrontar este cambio necesario e imprescindible, no esperemos al próximo “reset”, igual será mucho peor…

Jordi Juanós.