Jordi Juanós: El “Coronavirus climático”

Un efecto inesperado del confinamiento por el coronavirus, es que siento que me he dado permiso para reflexionar sobre cosas para las que antes simplemente “no me daba la vida”.  En cierta forma, es justo reconocerle al bichito de las narices que nos haya devuelto ese preciado tiempo infravalorado por el trabajo voraz.

Me ha dado por reflexionar acerca de similitudes y diferencias entre el virus y la emergencia climática, será por deformación profesional.  La primera conclusión a la que he llegado sobre las similitudes es que en ambos casos nos enfrentamos a enemigos implacables a los que no podemos ver pero que han cambiado nuestra manera de afrontar el futuro, sin ningún género de dudas.

Como Santo Tomás, nuestra sociedad necesita tocar la llaga con los dedos, sino parece que no está pasando. Ambas pandemias globales son invisibles a simple vista, no las sentimos en nuestra piel, no hay llaga a la que tocar, pero la principal diferencia entre ambas ha sido la velocidad con la que nos han pegado un directo a la nariz dejándonos KO en la lona planetaria. 

A diferencia de la implacable y casi imperceptible gota malaya de la emergencia climática, el COVID-19 ha puesto en jaque a nuestro estado del bienestar en menos de dos meses, demasiado rápido para digerir.  ¡Deberíamos aprender para otras pandemias futuras que vendrán, sanitarias o climáticas!

Con ánimo positivo, propongo un ejercicio de abstracción de los tremendos datos de contagiados, ingresados, fallecidos (¡ojo!, también de las altas de curación) con los que todos los medios nos bombardean por tierra, mar y aire, y ver algunos efectos colaterales vinculados a la emergencia climática que se disuelven en esta vorágine de informaciones.

¿Somos conscientes que la disminución de los desplazamientos al trabajo o la aparición de un “nuevo fenómeno” llamado teletrabajo - hablan incluso del orden del 70% en grandes ciudades - han conllevado una reducción considerable de la contaminación y a las emisiones de CO2 en ciudades como Madrid o Barcelona? 

Descubrimos que muchos de los desplazamientos que considerábamos imprescindibles no lo eran y gracias a las tecnologías de la comunicación se solucionan de otra manera.  Conste en acta que defiendo la necesidad indiscutible del contacto personal directo, pero en momentos donde se aporte valor diferencial a ese esfuerzo personal, social, económico y climático.

La persona a la que considero mi mentor me habló hace ya casi 20 años sobre “aquello que sólo juntos podíamos hacer mejor desde la diversidad y a distancia”.  De repente este último punto toma todo el sentido del mundo en estos días tan extraños que nos ha tocado vivir.  ¡Gracias Pedro!

Pero el coronavirus pasará, o nos inmunizaremos y le normalizaremos antes que después, pero la emergencia climática nos queda y sigue amenazándonos a nivel planetario. ¿Seremos capaces de unirnos y actuar globalmente contra esta pandemia global con la misma energía y decisión que estamos empleando contra este virus?  Ojalá fuéramos capaces, ojalá nuestros líderes políticos y sociales entendieran el alcance de la emergencia climática y se lo tomaran tan en serio, permítanme dudarlo.

Me gustaría hablar sobre los fenómenos colaterales de convivencia que en tiempos de crisis afloran: solidaridad, reconocimiento o descubrimiento de talentos artísticos de nuestros vecinos, pero eso será tema de otra reflexión.

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